¿Por qué algunos juegos no llegan a la mesa?

¿Por qué algunos juegos no llegan a la mesa?

¿Expansión o juego nuevo? Leiendo ¿Por qué algunos juegos no llegan a la mesa? 8 minutos Siguiente ¿Quién diseñó tus juegos favoritos?

Hay una escena que probablemente resulta familiar para muchos aficionados a los juegos de mesa. Compramos un juego con entusiasmo. Lo abrimos, admiramos sus componentes y encontramos un lugar para él en nuestro estante. Estamos convencidos de que hemos tomado una gran decisión.

Y entonces pasan las semanas. Después los meses. Y ese juego que tanto nos emocionaba sigue esperando su primera partida.

Lo curioso es que esto no siempre ocurre porque hayamos comprado un mal juego. De hecho, algunos de los mejores juegos de nuestra colección pueden ser también los que menos hemos jugado.

Entonces, ¿por qué algunos juegos nunca llegan a la mesa?

Un juego necesita encontrar su momento

Cuando compramos un juego solemos pensar en todo lo que puede ofrecernos: las decisiones que tomaremos, las estrategias que descubriremos o las risas que podría provocar. Pero a veces olvidamos pensar en algo mucho más sencillo: ¿cuándo vamos a jugarlo?

No hace falta encontrar una fecha exacta en el calendario antes de comprar un juego. Tampoco necesitamos convertir la compra en una complicada investigación. Pero sí puede ser útil imaginar, aunque sea vagamente, el tipo de ocasión en la que ese juego podría aparecer.

Quizá compramos un juego para seis personas cuando normalmente jugamos a dos. O elegimos una experiencia que necesita toda una tarde cuando nuestras reuniones suelen durar apenas un par de horas. Tal vez nos enamoramos de un juego estratégico como Great Western Trail o Ruinas Perdidas de Arnak, pero nuestro grupo habitual prefiere algo más ligero y social como Flip 7 o Scout.

El problema no necesariamente está en el juego. A veces simplemente todavía no ha encontrado su momento.

A veces compramos juegos para nuestro «yo ideal»

También existe otra posibilidad: que no hayamos comprado un juego para la persona que somos, sino para la persona que imaginamos ser.

Compramos ese juego enorme porque pensamos que algún día tendremos tardes enteras para jugar. Elegimos una experiencia compleja porque queremos convertirnos en el tipo de jugador que disfruta descubrir estrategias durante horas. O compramos un juego para grupos grandes porque estamos seguros de que algún día organizaremos muchas reuniones.

Y no hay nada malo en eso. Los juegos también pueden ser una invitación a descubrir nuevas experiencias. El problema aparece cuando toda nuestra colección está pensada para una vida que todavía no vivimos. Por eso quizá conviene encontrar un equilibrio entre los juegos que soñamos jugar algún día y aquellos que podemos imaginar fácilmente sobre nuestra mesa ahora mismo.

Elegir un juego no tiene que ser complicado

Llegados a este punto podríamos pensar que elegir un juego requiere responder una interminable lista de preguntas. ¿Con cuántas personas jugaré? ¿Cuánto tiempo tendremos? ¿Qué mecánicas prefiero? ¿Le gustará a mi grupo?

Pero elegir un juego no debería sentirse como presentar un examen. No necesitamos encontrar el juego perfecto. Solo queremos encontrar una experiencia que tenga buenas posibilidades de llegar a nuestra mesa.

Por eso, en Búndaba organizamos los juegos en tres capas: Descubrir, Explorar y Profundizar. No son niveles que tengas que superar ni una escalera que debas recorrer en orden. Son diferentes maneras de acercarte al hobby.

Descubrir reúne experiencias que pueden llegar fácilmente a la mesa y nos permiten empezar a jugar sin demasiadas barreras. Un juego como Flip 7, Chao Pescao o 3 Actos puede ser perfecto cuando simplemente quieres compartir una partida con amigos sin convertir la explicación de las reglas en el evento principal de la noche.

En Explorar encontramos juegos que empiezan a ofrecernos nuevas posibilidades, decisiones y estrategias. Juegos como Cascadia, Cartógrafos Héroes o Birdie pueden invitarnos a descubrir un poco más sin que una partida tenga que ocupar toda la tarde.

Finalmente, Profundizar está pensado para quienes buscan experiencias en las que quedarse un poco más. Juegos como Everdell, Saltfjord o Great Western Trail ofrecen nuevas posibilidades por descubrir y pueden convertirse en experiencias a las que queremos regresar una y otra vez.

Pero lo importante es que puedes disfrutar cualquiera de estas capas en cualquier momento. Un jugador con años de experiencia puede pasar una noche fantástica jugando Flip 7, mientras que alguien que acaba de descubrir el hobby puede enamorarse inmediatamente de Everdell. Como exploramos en ¿Y si no tienes que empezar por algo sencillo?, incluso un juego aparentemente exigente puede convertirse en una fantástica puerta de entrada al hobby.

No hay un camino obligatorio.

Antes de comprar, imagina la próxima partida

Si quieres reducir las posibilidades de que un juego se convierta en otro habitante permanente del estante, quizá basta con hacerte una pregunta:

¿Puedo imaginar una ocasión en la que probablemente quiera sacar este juego?

No necesitas saber exactamente cuándo ocurrirá. Basta con pensar: «Esto podría funcionar muy bien con mi pareja», «me imagino jugándolo cuando vengan mis hermanos» o «quiero reservar una tarde para disfrutar algo así».

Esa pequeña conexión entre el juego y un posible momento puede ser mucho más útil que intentar encontrar el juego perfecto.

¿Y qué hacemos con los que ya están esperando?

Por supuesto, siempre tendremos algún juego que lleva demasiado tiempo esperando su oportunidad. Y eso tampoco significa que hayamos cometido un error.

De hecho, como exploramos en De La Vergüenza a La Oportunidad, esos juegos que llevan tiempo acumulando polvo no tienen por qué convertirse en una fuente de culpa. Quizá simplemente necesitan una pequeña oportunidad.

Una buena idea es dejar de esperar la ocasión perfecta. Si esperamos a que estén exactamente las personas adecuadas, que todos tengan suficiente tiempo y que nadie esté cansado, es posible que ese momento nunca llegue. A veces basta con decidir que la próxima vez que juguemos queremos probar algo diferente.

También puede ayudar proponer el juego antes de la reunión. Si esperamos hasta el momento de elegir qué jugar, los favoritos conocidos casi siempre tendrán ventaja. Pero decir desde antes «el sábado quiero enseñarles este juego que tengo desde hace tiempo» le da una oportunidad real de llegar a la mesa.

Y si se trata de un juego con muchas reglas, dedicar un poco de tiempo a conocerlas antes de invitar a los demás puede cambiar completamente la primera experiencia. No se trata de memorizar cada detalle, sino de poder guiar la partida con suficiente seguridad para que todos puedan concentrarse en jugar.

Una buena colección no se mide por su tamaño

Quizá una buena ludoteca no sea la que tiene más cajas ni la que contiene todos los juegos de los que hemos escuchado hablar. Como ya exploramos en El Secreto de una Buena Ludoteca, construir una colección no consiste simplemente en acumular juegos.

Una buena colección es una colección efectiva.

Una en la que podemos encontrar algo que encaje con una tarde tranquila, una reunión con amigos, una partida en pareja o esas ocasiones especiales en las que queremos sumergirnos durante horas en una experiencia.

Y jugar lo que ya tenemos también nos ayuda a conocer mejor nuestros gustos. Cada partida nos enseña algo sobre lo que disfrutamos, sobre nuestro grupo y sobre las experiencias que queremos seguir buscando.

Además, hay algo especialmente satisfactorio en darle finalmente una oportunidad a ese juego que llevaba meses esperando. Quizá descubras que se convierte en uno de tus favoritos. Y, cuando termine la partida, será mucho más fácil mirar sin remordimientos ese juego nuevo que tanto se te antoja comprar.

Después de todo, las ganas de descubrir algo nuevo nunca desaparecen —y tampoco deberían hacerlo—. La pregunta de si conviene ampliar la experiencia de un juego que ya conocemos o buscar algo completamente nuevo es, precisamente, el dilema que exploramos en ¿Expansión o juego nuevo?

Una colección puede crecer. Pero probablemente se disfruta mucho más cuando, de vez en cuando, hacemos espacio para jugar todo aquello que ya forma parte de ella.

La próxima vez que alguien pregunte «¿jugamos algo?», quizá la respuesta esté esperando desde hace meses en tu propio estante.

Y si estás buscando el próximo juego que quieres llevar a tu mesa, no necesitas saber exactamente qué buscas. Puedes empezar simplemente por pensar en la experiencia que te gustaría tener.

Un saludo,
Pablo de Búndaba

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