De La Vergüenza a La Oportunidad

De La Vergüenza a La Oportunidad

En el mundo de los juegos de mesa hay una expresión que se repite mucho: pile of shame.
La pila de la vergüenza.

Se refiere a esos juegos que compramos, nos emocionan… y luego se quedan en la repisa sin jugar. Y ahí aparece la culpa. Por un lado, están quienes compran y acumulan cajas cuando tienen otras que todavía no llegan a mesa. Por otro, quienes se prohíben comprar algo nuevo porque “no han jugado lo que ya tienen”.

Pero tal vez el problema no sea acumular juegos. Tal vez el problema sea cómo hablamos de ello.

No es vergüenza. Es posibilidad.

Compramos juegos porque algo nos llamó la atención. Una mecánica, su arte tal vez fue una recomendación, o lo vemos como una experiencia que imaginamos viviendo con alguien más.

Eso no es vergonzoso. Es entusiasmo.

Cambiar una palabra cambia la relación que tenemos con nuestras decisiones. No es un pile of shame. Es un pile of opportunity.

Una colección de experiencias pendientes. Momentos que todavía no han sucedido. Oportunidades al alcance de nuestras manos para pasar tiempo de calidad con seres queridos.

No es acumulación. Es tiempo.

El problema no esta en tener juegos, esta en la falta de tiempo.  No los jugamos porque:

  • el trabajo ocupa espacio,

  • el grupo no coincidió,

  • hubo otras prioridades,

  • simplemente faltó tiempo.

Y el tiempo no se resuelve sintiéndonos culpables. Se resuelve haciendo espacio. Si tienes juegos sin estrenar, en lugar de castigarte por haberlos comprado, tal vez la pregunta sea otra: ¿Cómo puedo crear el momento para disfrutarlos?

La presión no ayuda. La intención sí.

Algunas ideas para mover la pila

No se trata de justificar comprar sin pensar.
Se trata de relacionarnos mejor con lo que ya tenemos.

1. Rotar favoritos

A veces un juego no sale a mesa porque ya hay uno que siempre funciona.

Puedes hacer algo simple:
pon un pequeño recordatorio en tu juego “de siempre” y proponte no sacarlo hasta haber jugado uno pendiente.

Tal vez descubras un nuevo favorito.

2. Liberar espacio

También existe la posibilidad —no siempre fácil— de dejar ir.

Hay juegos que:

  • ya no te emocionan,

  • ya cumplieron su ciclo,

  • simplemente no encajan con tu grupo.

Regalarlos, donarlos o venderlos no es fracaso, es movimiento. Y liberar espacio físico muchas veces libera espacio mental. Además, puede darte un poco de capital para ese título nuevo que realmente te emociona.

Comprar no es el problema

A veces el discurso se polariza: “No compres más hasta jugar todo.” Pero el entusiasmo también es parte del hobby. Explorar juegos nuevos, leer sobre ellos, imaginar cómo se sentirán en mesa… eso también forma parte de la experiencia.

La clave no es frenar el deseo, es equilibrarlo con intención. No compras cajas, compras posibilidades.

Y cada vez que un juego vuelve a la mesa…

Hay algo más interesante en todo esto.

Un juego sin jugar puede sentirse como un pendiente. Pero un juego que vuelve a la mesa una y otra vez empieza a transformarse. Cada partida cambia la relación que tienes con él.
Se vuelve más familiar, más profundo, más tuyo.

Y hay una forma distinta de pensar el valor de un juego que tiene que ver precisamente con eso: con cuántas veces vuelve a la mesa y cuánto tiempo compartido genera.

Pero esa es una conversación que merece su propio espacio.

Tal vez la pregunta correcta no es…

“¿Por qué compré tantos juegos?”

Sino:

“¿Qué experiencias quiero vivir este año?”

Algunas ya están en tu repisa.

Y otras todavía no.

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